¿Cómo saber qué queremos? ejercicios de journaling
- clospg
- hace 5 días
- 4 Min. de lectura
la pregunta que parece sencilla y no lo es en absoluto
-
¿Qué quieres? Todos sabemos responder a su versión opuesta.
Pero elegir de verdad es otra cosa.
R E F L E X I Ó N * D E S A R R O L L O P E R S O N A L
Hay una pregunta que parece sencilla. Que cualquiera debería poder responder en menos de treinta segundos. Y sin embargo, cuando alguien te la hace de verdad, mirándote a los ojos, sin prisa… algo se detiene.
¿Qué quieres?
No lo que se supone que deberías querer. No lo que has respondido tantas veces que ya suena automático. Lo que tú, ahora mismo, con todo lo que sabes de ti, querrías elegir.
Curioso, ¿verdad? Porque su versión opuesta la tenemos clarísima. Sabemos lo que ya no nos encaja, lo que dejó de emocionarnos, lo que cargamos por inercia. La lista de lo que no queremos fluye sola. Pero cuando toca ir al otro lado… aparece el silencio.
NO ES QUE NO EXISTA LO QUE QUEREMOS, ES QUE ELEGIRLO IMPLICA CERRAR OTRAS VERSIONES POSIBLES DE NOSOTRAS MISMAS. Y ESO HOY, CUESTA MUCHÍSIMO.
La cena que lo explicó todo
El otro día, en una cena con amigas, pasó algo que me pareció demasiado elocuente como para ignorarlo. Las solteras hablaban del deseo de compartir la vida con alguien. Las que ya viven en pareja, de esa nostalgia tan humana de la ligereza de cuando no tenías que consultar nada con nadie. Las que están empezando algo nuevo soñaban con estabilidad. Las que ya la tienen, con tiempo. Con bajar el ritmo. Con recordar qué les gustaba antes de que todo se llenara de agenda.
Ninguna de ellas estaba siendo ingrata. Todas querían cosas reales. Pero había algo casi poético en la imagen: un grupo de mujeres inteligentes, cuidadosas, viviendo vidas que en algún momento desearon profundamente… mirando de reojo hacia otro lado.
Como si viviéramos en un desplazamiento emocional constante. Siempre un poco fuera de donde estamos.
El "siguiente paso" como trampa
Hemos construido sin darnos cuenta una narrativa donde lo próximo siempre parece más significativo que lo actual. Donde el presente se convierte en tránsito, nunca en destino. Y ahí, en ese giro tan sutil, dejamos de reconocer valor en lo que ya es.
No porque no lo tenga. Sino porque no responde al ideal proyectado. Porque siempre hay una versión ligeramente mejor en el horizonte: más libre, más plena, más ordenada, más emocionante.
Vivir así es agotador. Y también es, me parece, una de las razones por las que nos cuesta tanto responder a esa pregunta.
¿QUÉ QUIERES? EN EL FONDO NO ES UNA PREGUNTA ASPIRACIONAL. ES MUCHO MÁS INCÓMODA: ¿QUÉ ESTÁS DISPUESTA A SOSTENER... SABIENDO TODO LO QUE DEJAS FUERA?
Elegir no solo es avanzar. También es soltar.
Vivimos en una cultura obsesionada con la opcionalidad. Mantener puertas abiertas se ha convertido casi en una virtud. Decidir, en cambio, se siente a veces como una pérdida. Como si al decir "esto es lo que quiero" estuvieras renunciando a todas las otras vidas posibles.
Y en parte es verdad. Elegir algo de verdad implica asumir su coste. Implica habitarlo sin mirar constantemente de reojo las alternativas. Sin romantizar lo que no fue ni imaginar en bucle lo que podría ser.
Eso, hoy, es casi un acto contracultural.
Pero aquí me parece importante hacer una distinción que se pierde fácil: esto no va de conformarse. Va de algo diferente. De afinar. De entender que no todo lo posible es necesario, y que no todo lo que dejamos fuera es una pérdida. A veces es simplemente espacio para que lo elegido tenga sentido.
👉 Aprender a elegir sin sentir que te estás traicionando a ti misma.
👉 Sostener lo que eliges sin romantizar lo que no fue.
👉 Aceptar que elegir siempre implica renunciar… y que quizá no pasa nada.
👉 Reconocer que probablemente ya estás viviendo algo que en otro momento deseaste profundamente, pero no lo ves porque estás ocupada imaginando lo siguiente.
Al final, lo que quieres no siempre es lo que más brilla. A veces es lo que decides no cuestionar constantemente.
Así que quizá la pregunta no es solo: ¿qué quieres? Sino también: ¿puedes reconocer lo que ya tienes sin sentir que te estás conformando?
✦
E J E R C I C I O D E JO U R N A L I N G
ELEGIR SIN SENTIR QUE PIERDO
Lo que ya sé: pero evito mirar
Escribe sin pensar demasiado, abre el espacio
Este primer paso es para soltar lo que ya sabes y no has querido decirte en voz alta. Sin filtro, sin explicarte. Solo escribe.
¿Qué sé con claridad que ya no quiero en mi vida?
¿Qué versión de mí siento que ya no soy?
¿Qué cosas me están pesando más de lo que admito?
Lo que sí quiero: aunque me incomode
Ve más lento, aquí está la clave
Ahora sin ruido de fondo. Deja de pensar en "todas las opciones disponibles" y quédate solo contigo.
Si dejo de pensar en todas las opciones… ¿qué elegiría?
¿Qué tipo de vida me daría paz, no solo emoción?
¿Qué quiero aunque no sea lo más perfecto o impresionante?
Recomendación: Escribe solo 1 o 2 cosas. No más. La restricción es parte del ejercicio.
El coste: la parte honesta
Aquí es donde casi nadie entra · nómbralo sin suavizarlo
Esta parte es incómoda. Y es la más importante. No la saltes.
Si elijo esto… ¿a qué estoy renunciando?
¿Qué versiones de mí dejo ir?
¿Qué expectativas —propias o ajenas— no cumpliría?
Recomendación: No lo suavices. Nombrarlo no lo hace más real. Solo más tuyo.
¿Puedo sostenerlo?
El cierre, no para resolver, para quedarte con la pregunta
No necesitas tenerlo todo claro al terminar. Solo ser un poco más honesta contigo de lo que eras al empezar.
¿Estoy dispuesta a vivir esta elección sin cuestionarla todo el tiempo?
¿Qué necesitaría para sostenerla mejor?
¿Qué miedo aparece cuando pienso en elegir esto de verdad?
NO TIENES QUE TENERLO TODO CLARO, SOLO UN POCO MÁS CLARO QUE AYER.
✦ ✦ ✦






Comentarios